29 jun. 2010

El Jardín de las ánimas dulces



El camino se hacía agotador bajo el sol de la tarde. Faltaban tan sólo unas horas para que el gran Astro se escondiera tras el horizonte, sin embargo, la fuerza de su calor, se negaba a desaparecer.
Gadiel había quedado con ella, y el ir a su encuentro se había convertido en una poderosa lucha contra la adversidad de las altas temperaturas. Se sentía exhausto, acalorado, sediento, pero no podía entretenerse, ni siquiera para tomar un refresco en la cafetería del Carrusel olvidado, donde solía pasar todas las tardes sólo, en compañía de sus propios pensamientos.
Para acudir a su cita, Gadiel tenía que pasar por pintorescos lugares que no escapaban a su atención: La calle del Júbilo, el museo de los encantos, la plaza del último baile… Pero El jardín de las ánimas dulces, era el que más le gustaba.
Se trataba de un hermoso parque del que nadie sabía nada. Su origen, su pasado, quién lo cuidaba…Todo era una incógnita para los que disfrutaban paseando bajo la sombra de los viejos almendros.
Gadiel entró en el jardín, e inmediatamente advirtió como el calor desaparecía para dejar paso a una suave brisa que arrastraba pequeños pétalos despojados de sus flores. Era como si danzaran al son de una música que sólo los árboles podían oír.
A la visión del espectáculo floral, se unio el murmullo de un ruiachuelo que corría en busca de un lugar donde afluir, y aquel sonido era, sin duda, lo que más le gustaba a Gadiel.

Berenice salió de la cafetería del Carrusel olvidado. Después de permanecer allí casi una hora, se dio cuenta de que hoy, él, no vendría, y esa certeza la entristeció.
La muchacha, solía pasar todas las tardes en la agradable cafetería, junto a él, escuchando todo lo que decía y acariciando su mano mientras se tomaba un café con hielo.
Para Berenice era un gran acontecimiento, pues sabía que estaba en el lugar que a él más le gustaba, y por eso, se esforzaba tanto en conservar esos momentos.
Pero hoy no había venido, y ella, con una amarga resignación, decidió esperar al día siguiente. Entonces podría estar con él, tocar su pelo, acariciar sus manos… y decirle al oído cuanto le quería, aunque no pudiera ser con palabras.

El jardín de las ánimas dulces, debía su peculiar nombre a la inagotable imaginación de los más fantasiosos. Decían que, sólo las almas más buenas y cariñosas, podían cuidar y mimar el parque de aquella manera, y que por lo tanto, eran los espíritus de los difuntos más amados, los que se encargaban de preservar cada rincón, cada flor y cada árbol.
Gadiel conocía esa historia, y le parecía tan atractiva que había decidido hacer del jardín un pequeño santuario, y allí, en la parte más recóndita del parque, había puesto una placa de piedra al pie de un robusto almendro, cuyas flores nunca dejaban de sonreír para él.
El jardín de las ánimas dulces era un paso obligado para ir al cementerio, donde se encontraba su cita, por eso, Gadiel había pensado que era un lugar hermoso para recordar a la persona que más amaba en este mundo.
Al lado de la placa, una vela apagada esperaba ser de nuevo encendida. Gadiel, no la hizo esperar más y llenó de luz su pequeño rincón de esperanza.
Cogió unas bonitas flores silvestres, y las posó con delicadeza sobre la placa de piedra. Siempre lo hacía, y se guardaba las más resistentes para ponerlas también en el cementerio, donde había quedado con ella, en el nicho número sesenta y dos.
Se quedó un rato, observando la belleza del lugar y fantaseando con que ella también cuidaba del parque, junto a las ánimas dulces. Le gustaba imaginársela regando flores, hablando con los árboles y cortando las malas hierbas… Era una deliciosa visión que le embriagaba por completo.
Dedicó un último pensamiento a su amada, y se marchó sin más demora hacía su esperada cita, en el cementerio, donde otra parte de ella reposaba en silencio.
Mientras, la oscilante llama de la vela, iluminaba la estela dorada que Gadiel había grabado en la placa de piedra:



Berenice, siempre estarás en mi corazón.
Te ama Gadiel.

3 comentarios:

Stefy Bambú dijo...

Muy bucólico. Lo has descrito muy bien, es imaginativo y dulce.Mientras lo lees despierta ternura. Me gusta!!

Aprovecho para decirte que te ha quedado muy bonito el blog:)
Cuando tengas un ratito, yo tb he escrito uno nuevo...aunque con una temática más salvaje,jeje.Mandarin espera tu crítica!!

Mañana me leo más. me encanta leerte a través de internet...parece q estamos cerca,verdad? por fin podemos compartir lo que hacemos!!

un besazo y sigue así!!!

Francis G. Vergara dijo...

La melancolía parece la protagonista de este relato.

Se aprecia la profunda nostalgia de un ser amado y añorado, que siempre está en la mente de todos los que viven perdidas o situaciones semejantes.

Una entrada muy creativa y significativa.

Silvia Meishi dijo...

Así es, la melancolía es lo que intento transmitir. También, intento dar a entender que el ser querido al final está contigo donde tú más disfrutas, no donde está enterrado su cuerpo físico.