16 jun. 2010

Héctor

Old man grieving (Vincent van Gogh)

Había comenzado a llover con fuerza. Las calles mojadas parecían grandes espejos que reflejaban distorsionadas siluetas corriendo de un lado para otro, aferrándose a unos paraguas de diferentes colores. Era un bonito escenario que se asemejaba a una pintura de acuarelas.
Héctor, caminaba impasible a la lluvia que caía sobre él. Sus viejos zapatos, desgastados por los kilómetros de la pobreza, no podían impedir que el agua humedeciera sus cansados pies, que, a pesar de todo, nunca habían dejado de sostener su abatido cuerpo.
La gente que pasaba a su lado, ni si quiera lo miraba. Para ellos era una sombra que vagaba sin rumbo, a la deriva, sin una meta… Una cáscara vacía de alma y de corazón que se había perdido en una jungla de indiferencia.
Héctor se paró bajo el resguardo de un pequeño portal, y sacó de su bolsillo roto un par de monedas que había conseguido durante el día. Las miró con nostalgia y dibujó una extraña sonrisa en su demacrado rostro. Aquello era todo lo que tenía…
Volvió a guardarlas, no sin un ligero temblor en sus manos, pues desde hacía tiempo, sus miembros se sacudían como si de un anciano se tratara, y con mucho cuidado, se sentó en el único escalón que permanecía protegido de la lluvia. Cerró los ojos y se concentro en el susurro del agua al caer sobre la ciudad. Se trataba de una música que la naturaleza tocaba para él, y le gustaba.
Irrumpiendo la bella melodía, una pareja enamorada salió del portal embriagada de risas y miradas traviesas. Al pasar frente a Héctor, la mujer, sintió una punzada de compasión, y posó sus ojos en el rostro de su marido.
- No le des nada – susurró él - ¿No ves que se lo gastará en alcohol?
Héctor emitió una leve carcajada que sólo él pudo escuchar.
Sí, se gastaría el dinero en alcohol, porque ese líquido mortal era lo único que podía hacerle seguir adelante, era lo único que le hacía olvidar, y era lo único que, tarde o temprano, podía destruirle para siempre, y ese era su único objetivo en la vida.
Héctor perdió a su único hijo diez años atrás. Fue por su culpa, eso era lo que pensaba él, y desde entonces no quería seguir viviendo, pero quitarse la vida era de valientes, y él no lo era. Así pues, sin nadie que lo ayudase, sin nadie que pudiese ver más allá de lo que había bajo su apariencia ebria, Héctor, luchaba por destruirse a sí mismo.

3 comentarios:

Francis G.V. dijo...

La perdida de un hijo debe ser un gran dolor. Lo natural en la vida es ver morir a nuestros padres, aunque sus muertes sean inesperadas en algunos casos,sin embargo ver sufrir al hijo que has visto crecer, que se ama antes de su nacimiento,es muy difícil asumir su perdida, y en el caso de este personaje que se siente culpable de esta desgracia hay que tener mucha fuerza para seguir haciendo Km a la vida.Pero esta es una continua lucha y el mundo no es para los débiles.

Silvia Mori dijo...

Una apreciación muy interesante. El personaje de mi relato es débil y por eso ha acabado así. Quería dar a entender que no todo el mundo tiene fuerzas para seguir adelante, y a veces, detrás de un borracho pobre, puede haber una historia muy triste.

Stefy dijo...

jo, q bonito!! muchas veces cuando me cruzo con gente pobre pienso en cual será su historia. Me gusta lo que cuentas y como lo cuentas. Creo q no solo es interesante la historia de hector, creo q aun mejor es la reaccion que tiene la gente, esa superficilidad y vacio q por otro lado es real, esa falta de preocupación por los demas. corto y bien escrito,muy bien!!