18 jul. 2010

Café de Oriente

Vincent Van Gogh


En la plaza de Oriente, junto al palacio Real, un hombre suele tocar el acordeón al compás de su propia alegría. La gente le observa mientras se moja los labios en un exquisito café, sentados en las veraniegas terrazas de la plaza madrileña.
El acordeonista toca al caer la tarde, durante tres o cuatro horas, y se deleita tanto con sus recitales que siempre tiene una dulce sonrisa en su rostro. Ese detalle, llena de expectación a los transeúntes.
Desde sus mesitas de café, la gente ve como Mateo, que así se llamaba el hombre del acordeón, recibe la visita de un peculiar admirador. Se trata de una pequeña niña, de no más de cuatro años, que se ha soltado de la mano de su padre para quedarse de pie, inmóvil, escuchando con la carita muy seria las notas que vuelan por la plaza de Oriente.
Mateo, encantado con su nueva espectadora, sonríe a la pequeña y le dedica una pieza alegre e infantil que poca gente es capaz de captar.
La música, suena ahora con más intensidad, con más brillo… Es la complicidad de dos corazones que se están entendiendo sin palabras.
El padre de la niña, busca una moneda en su bolsillo y se la ofrece a su hija para que, cuando Mateo acabe, pueda echársela en la funda de su acordeón.
La niña, cuyo vestidito se ha manchado de chocolate, se acerca muy tímidamente al acordeonista. Parece tener un poco de miedo al verse sola, pero los ánimos de su padre consiguen alentarla hasta su destino.
Finalmente, después de unos torpes pasos, alcanza la funda del acordeón y suelta la moneda con un ademán de triunfo.
Mateo, visiblemente emocionado, da las gracias a la niña, que sale corriendo hacía los brazos de su padre, ruborizada por el protagonismo del momento.
Una pareja de amantes, que observa la escena desde una de las mesas del café de Oriente, no puede reprimir una sonrisa de emoción ante aquel arrebato de ternura. Piensan que son pasiones escondidas que la gente se esfuerza en ocultar, pero que a veces, salen a la luz para iluminar a los demás.

16 comentarios:

Pluma Roja dijo...

Un precioso relato, muy bien llevado. Me gustó mucho. Vengo a darte las gracias por tu comentario, te sigo y espero que nos sigamos leyendo.

Saludos cordiales, Hasta pronto.

sedemiuqse dijo...

Es bello, y bello es dejar que los sentimientos afloren...

Gracias por tu visita.

Besos y amor
je

Francis G. Vergara dijo...

Bendita inocencia y ternura la de los niños!

Una entrada muy sensible, con un lenguaje bien combinado. Un abrazo.

Silvia Meishi dijo...

Me inspiré en algo que pude observar de verdad, en la misma plaza de Orienta hace un par de semanas. Fue muy emotivo.
Como siempre, gracias por leerme.

Un abrazo

Stefy Bambú dijo...

Me encanta. Hace mucho tiempo escribí un relato sobre un pobre, el hombre no pedía dinero como todos creían(ni siquiera era pobre, solo un anciano) solo algo de cariño, una mirada o un abrazo...ya lo colgaré para q lo leas... Hay tantos desconocidos que olvidamos por estar en la calle...Pero los niños aun no entienden de clases y normas, aún son puros... Sensible y hermoso!!!
"Es la complicidad de dos corazones que se están entendiendo sin palabras." Precioso!!

Silvia Meishi dijo...

Estaré encantada de leerlo cuando lo publiques, tengo mucha curiosidad, así que, no tardes en ponerlo.

Un abrazo

Paco Bailac dijo...

me ha encantado tu relato... Estoy cerca de Mateo y que todos deberíamos tocar algo al ritmo de nuestra alegria.
Gracia y felicidades por tu relato.

Paco

Silvia Meishi dijo...

Muchas gracias por tu visita, Paco. Espero que sigamos leyéndonos.

Un abrazo

Alma Inquieta dijo...

Hola Silvia!

Muchas gracias por tu visita!

Me encanta como escribes y seguro seguiremos leyéndonos...

La música hace milagros...:=)

Un beso.

serpai dijo...

me enacantó tu relato... la musica tiene el poder de hechizar... que lindo!!!

Me encantó la forma como escribes y tu blog...

Seguiré pasando para leerte...

Saludos,

Sergio.

Verinha Mágica dijo...

Hola,

A mi también me encanta la música... seguro me quedaría como esa niña mirándolo...

Me gusta tu blog...

Te sigo.

Un beso.

Curioso e Inquieta dijo...

Hola Silvia,

venimos a visitar tu blog y nos ha encantado...
Escribes muy bien... que lindo!

Seguiremos leyéndote...

Un beso.

últimos olhares... dijo...

Hola,

Muy bueno tu blog asó como tu escrito!

Me encantó...

Un beso,

Humberto.

ptdfsa dijo...

Wow :)

Llevo tres semanas yendo a comer a la plaza de Oriente, siempre está Mateo, y he podido apreciar que siempre toca la misma melodía (bueno, hay días que cambia, incluso interpreta la de "El Padrino", que me encanta). Al principio no parecía muy seguro con el instrumento, pero a medida que han ido pasando los días le he visto más suelto y seguro de sí mismo... esto en un músico es lo mejor que puede haber: insistir e insistir, siempre con las mismas ganas, querer conocer bien a tu instrumento.
Siempre que llego, a eso de las 2 y media, ya está tocando, y cuando me voy, él se queda tocando. Haciendo de banda sonora de las historia que esté leyendo en un libro, tumbada en el césped.

Bueno, sólo quería decirte que hace días que soy incondicional de mateo y que al escribir "acordeonista de la plaza de oriente"... ha salido tu blog!
Entrañable historia, me ha gustado mucho.
¡Cuánto admiro a los niños!
^^

Un saludo!

ptdfsa dijo...

Wow :)

Llevo tres semanas yendo a comer a la plaza de Oriente, siempre está Mateo, y he podido apreciar que siempre toca la misma melodía (bueno, hay días que cambia, incluso interpreta la de "El Padrino", que me encanta). Al principio no parecía muy seguro con el instrumento, pero a medida que han ido pasando los días le he visto más suelto y seguro de sí mismo... esto en un músico es lo mejor que puede haber: insistir e insistir, siempre con las mismas ganas, querer conocer bien a tu instrumento.
Siempre que llego, a eso de las 2 y media, ya está tocando, y cuando me voy, él se queda tocando. Haciendo de banda sonora de las historia que esté leyendo en un libro, tumbada en el césped.

Bueno, sólo quería decirte que hace días que soy incondicional de mateo y que al escribir "acordeonista de la plaza de oriente"... ha salido tu blog!
Entrañable historia, me ha gustado mucho.
¡Cuánto admiro a los niños!
^^

Un saludo!

Silvia Meishi dijo...

Qué casualidad!
Ese músico me inspiró para escribir este pequeño relato. Estaba sentada en la terraza del café de Oriente, y presencié lo que narro. Me pareció un hombre entrañable.

Un saludo y gracias por tu comentario