13 sept. 2010

La herida

Mark Ryden




Si me dejas, no podré soportarlo…

Esas fueron las palabras malditas que Agnes pronunció antes de abandonar la cafetería.
Lo dijo sin pensar, sin entender su significado, con una mueca de dolor disfrazada dentro de un tono hostil. Se condenó, sin saberlo, a ser la protagonista de su propia desgracia.
La lluvia acompañaba el dolor de Agnes. Caía tanta agua sobre las calles de la gran ciudad, que el fin del mundo parecía estar próximo. Era como presenciar un nuevo diluvio dirigido por la mano de Dios.
Empapada y con el corazón abatido, la muchacha se alejo de la cafetería en la que León, el hombre al que amaba con locura, se había despedido de ella.
Si me dejas, no podré soportarlo… Había dicho Agnes. Pero León no sucumbió al dolor de la joven. Quiso ser fuerte y dejar a una mujer que se había obsesionado con una relación perfecta, y con un hombre perfecto. Aquello no existía para él.
Cuando esa misma noche, Agnes se desnudó para tomar un baño caliente, descubrió una pequeña herida muy cerca de su pecho izquierdo. No recordaba haberse dado ningún golpe, pero… no le dio demasiada importancia. Se metió en el agua y cerró los ojos con la esperanza de retener en su mente la imagen de León.
A la mañana siguiente, la herida se había hecho más grande y tenía un aspecto terrible. Era como si un cuchillo hubiera desgarrado la delicada piel de Agnes para intentar introducirse hasta su corazón.
La muchacha curó la extraña herida que asolaba casi todo su pecho, y se la tapó cuidadosamente con una venda. Tenía la esperanza de que desapareciera de la misma forma que había aparecido. Sin embargo, lejos de que el deseo de Agnes se cumpliera, ocurrió algo que intensificó la gravedad de lo que estaba pasando.
León estaba sentado en la cafetería de siempre, tomando su habitual té verde con un toque de anís. Al verle a través del gran ventanal, la joven se detuvo y posó sus manos en el cristal, pero León, que hojeaba distraído un periódico, no la miró, no se percató de su presencia, ni siquiera hizo ademán de recordarla… Fue cuando la herida comenzó a sangrar…
Agnes no podía seguir caminando. Se encontraba débil y su pecho le dolía intensamente. Volvió a su casa, donde desnudó de nuevo su cuerpo y arrancó los vendajes que cubrían la herida. Mientras lo hacía, no podía dejar de pensar en León, en su rostro, en sus caricias, en sus palabras, en su olor… No quería olvidarle…
Y la herida sangraba cada vez más…
Agnes cayó al suelo, abatida, casi exánime. Sólo pudo ver a través del espejo, como su imagen se iba apagando poco a poco, recibiendo el frío de una oscuridad que quería atrapar su cuerpo para siempre.
Si me dejas, no podré soportarlo…
Agnes comprendió que su obsesión por León la había matado.

18 comentarios:

medianoche dijo...

Cuando nos obsesionamos por un amor no correspondido sufrimos una gran desilusión, muy buen relato, me gusto mucho leerlo, gracias por tu visita.

Besos

Pluma Roja dijo...

No dudo que suceda, esas heridas son incurables. Quizás con el tiempo. cierren. Lindo relato.

Saludos cordiales.

Silvia Meishi dijo...

Las obsesiones nos pueden hacer mucho daño...

Abrazos

Francis G. Vergara dijo...

Amar y no ser amado, dura experiencia y tremenda si se llega a los extremos de la obsesión.

Me gustó mucho el relato y la forma en que está escrito. El gráfico, en este caso una pintura de Mark Ryden, es muy apropiado, desconocía a este autor y me ha sorprendido.

Un abrazo.

Silvia Meishi dijo...

Mark Ryden es un pintor bastante peculiar, también lo descubrí hace poco.
Como siempre, gracias por leerme y opinar.

Un abrazo

Daniel Dragomirescu dijo...

Muy interesante historia! Congratulaciones!
Te invitamos a contribuir a la revista internacional El Horizonte Literario Contemporaneo con tus escritos.
Un cordial saludo desde Rumania,

Daniel D. Peaceman, escritor y editor

Silvia Meishi dijo...

Hola Daniel, Gracias por tu visita y tu interés. Visitaré El Hirizonte Literario.

Un saludo

Stefy Bambú dijo...

Muy bonito,Silvia!! te ha quedado un relato precioso, y que razón tienes!!
un beso muy grande!!

Silvia Meishi dijo...

Stefita!!! Que alegría verte por aquí. Te echaba de menos.

Victoria dijo...

Hola Silvia! Me ha gustado mucho tu relato, por la capacidad de transmisión que tienes de atmósferas y sentimientos. El problema de las obsesiones. Enhorabuena. Un saludo

Silvia Meishi dijo...

Hola Victoria. Me alegra que te haya gustado. De nuevo, gracias por tu opinión.

Un abrazo

Mª Teresa Alejandra Francesca dijo...

Gracias por el comentario y seguimiento, voy a hacer lo propio soy una pluma estilográfica y un bloc de notas. Te leo otro día. tengo una muela mal y me duele mucho.

un abrazo

Maite

Jairo Andres Loaiza-Espinoza dijo...

Silvia, bello relato, una historia muy particular y con toque magicos en cada una de sus palabras...

Un abrazo grande y bella semana...

JALE

Silvia Meishi dijo...

Hola Jale,

Gracias por darme tu opinión en este nuevo relato. Me alegro de que te haya gustado.

Un abrazo

Mª Teresa Alejandra Francesca dijo...

Un relato triste, pero muy bueno, te atrapa desde el mismo comienzo.

Te dije que volvería para leerte y aquí estoy.

un abrazo

Maite

Silvia Meishi dijo...

Hola Maite,

Te agradezco mucho que hayas vuelto por aquí.

Un abrazo

Yesi dijo...

Hola Silvia Te dejo una invitacion a tí y tus amigos a mi Espacio en el como regalo de Bienvenida tienes un regalo mas abajo del blog, espero que te guste y lo aceptes.

Besos en el Viento Silvia

♥Yesi♥

Rosa Sojo dijo...

HOLA SILVIA! ME HA ENCANTADO EL RELATO, SENCILLAMENTE ES... REAL. ENHORABUENA POR EL BLOG!