28 oct. 2010

La casa de Red Column

Jacek Yerka



La oscuridad de la noche avanzaba como un depredador hambriento, buscando cada resquicio de luz que quedaba para devorar los últimos rayos solares.
La penumbra se abría paso por la calle de Red Column…
No me asustaba la noche, pues las estrellas acompañaban siempre mis pasos hacía mi hogar, y la luna, iluminaba el cielo con un ligero color plateado. Lo que me hacía sentir incómoda, era pasar por la vieja casa que se escondía al final de la calle. Una morada de estilo victoriano que se resguardaba tras una verja oxidada.
Tenía un aspecto siniestro, descuidado y abandonado, sin embargo, la tétrica casa parecía estar habitada, ya que siempre había luz en alguna de sus ventanas.
Aquella noche, en la que la oscuridad empezaba a ser especialmente intensa, intenté dejar atrás el viejo edificio lo más rápido que pude, pero una visión extraña detuvo mi paso acelerado.
En el jardín, al lado de una antigua fuente de piedra, dos ojos felinos de color miel me observaban como si fuera una presa. Sentí escalofríos, pues los ojos del gato parecían hacerse cada vez más grandes. Y entonces, justo detrás del minino, vi la silueta de un hombre que permanecía de pie, con el cuerpo en tensión pero completamente inmóvil. El corazón me dio un vuelco cuando de repente empezó a correr hacia mí, con los brazos abiertos, como si quisiera abrazarme…
Quizás fue solo un engaño de mi mente, una visión distorsionada por el miedo, pero el caso es que desde aquella noche, no volví a pasar cerca del caserón.
Cambié el recorrido, bordeando la calle Red Clumn, lo que me hacía perder más de quince minutos, pero me libraba del desasosiego que sentía hacía la casa victoriana.
Sin embargo, el destino quiso que poco tiempo después, no me quedara más remedio que pisar la misma acera en la que se aposentaba la siniestra morada.
Eran las siete de la tarde, y como de costumbre en época invernal, la noche ya había caído sobre el pueblo.
Al cruzar la calle principal, tropecé con una inoportuna piedra que me hizo caer de bruces al suelo. Afortunadamente, no había nadie que pudiera regocijarse de mi torpeza, así que me ahorre el bochorno habitual en estas situaciones.
Comprobé que el tobillo me dolía demasiado, posiblemente me había hecho un esguince, y a duras penas podía andar sin sentir morir en el intento.
Los acontecimientos no podían ser peores: mi móvil se había quedado sin batería, lo que significaba no poder llamar a nadie para que me viniese a buscar, así que, no pude más que maldecir mi suerte e intentar llegar a casa por mis propios medios.
Por supuesto, no me planteé evitar la calle de Red Column, y muy a mi pesar me adentré en sus oscuras aceras mientras cojeaba como un perro herido.
El recorrido de la calle se me antojaba infinito, y la parte más elevada de la casa victoriana, la cual podía ver desde lejos, parecía esperarme al final del camino con una insinuante amenaza.
Haciendo de tripas corazón, pase cerca de la verja de entrada a la casa de los horrores intentando no levantar la vista del suelo, pues temía encontrar una sombra fantasmal dentro del jardín.
Pero mi tobillo no pudo resistir más la tortura a la que le estaba sometiendo, y abandonándome por completo, caí de nuevo al suelo, aunque esta vez fue menos estrepitoso.
Me encontraba sentada en la acera, junto a la entrada de la morada victoriana, sin poder mover el pie para escapar de allí… Mi suerte, no podía ser peor...
Mientras pensaba qué podía hacer, ya que esperar a que pasara alguien no era una buena idea, un ruido a mi espalda me hizo contener la respiración…
Se trataba de un chirrido… Una puerta vieja abriéndose…
Con el corazón en un puño, enfrenté mi mirada a la casa y vi como la puerta principal se abría poco a poco, dejando escapar un resquicio de luz proveniente del interior de aquella dejada casona.
No podía controlar mi respiración…
De repente, la puerta terminó de abrirse de golpe, y de ella salió un hombre joven, de unos treinta y pocos años, vestido con un traje negro y tan pálido como la luna.
- ¡Dios santo! – Exclamó al verme en el suelo - ¿Te encuentras bien? – Y corrió ágilmente hasta la verja para abrirla, no sin cierta dificultad a causa de la oxidación.
- Me… me he dañado un tobillo… - susurre aún asustada.
El hombre llegó hasta mí y tendió su mano con una mueca de preocupación en su rostro.
- Por favor, entre en la casa. Te serviré un té caliente.
La visión del otro día me hizo sentir pánico y dudar del ofrecimiento de aquel desconocido, pero lo cierto es que no tenía muchas alternativas, y seguramente podría llamar por teléfono desde su casa.
- … ¿Vive usted aquí? – Pregunté sin poder ocultar lo horrorizada que estaba.
- Por supuesto. – Contestó él sin dar más explicaciones.
Entrar en aquel jardín, de flores secas y maleza amenazante, me resultó demasiado tenebroso, como si una pesadilla se hubiera hecho realidad, pero lo cierto era que mis opciones no eran mejores que esa.
Para mi fortuna, el fantasma de los brazos abiertos parecía no estar allí…
El interior de la casa estaba igual de abandonado que el jardín: Sillones medio rotos, luces parpadeantes, olor a humedad… Parecía imposible imaginar que alguien pudiera vivir entre aquella ruina…
El hombre se comportó como un caballero en auxilio de una dama en apuros. Me preparó un té caliente, me examinó el tobillo herido e incluso improvisó un sencillo vendaje, sin embargo, no me ofreció llamar por teléfono, como yo había pensado…
Cuando le dije que quería telefonear a alguien para que viniera a buscarme, el hombre frunció el ceño y me miró muy seriamente.
- Elena – Susurró – No hace falta, ya estás en casa.
El corazón empezó a latirme con mucha fuerza. ¿Cómo sabia aquel desconocido mi nombre? ¿Por qué decía que ya estaba en casa? Empecé a asustarme.
El hombre me cogió de las manos muy suavemente y me miró con preocupación.
- Por favor, Elena, no empieces con esto otra vez. Todas las noches te espero en el jardín para evitar que te vayas.
No entendía nada, no sabía de qué me hablaba, pero al decirme aquello, supe que era él la sombra de los brazos abiertos… Mi cuerpo se estremeció e intenté zafarme de sus cálidas manos.
Tenía que salir de allí, pues aquel hombre estaba perturbado.
- Esta vez no dejaré que te vayas – dijo con determinación – Puede pasarte algo si sigues andando por ahí tu sola.
- Déjeme salir, o llamaré a la policía – Amenacé a la vez que sacaba el móvil de mi bolsillo.
- Vamos, ese móvil es de juguete, ya lo sabes. Por favor, déjame ayudarte…
Instintivamente mire el móvil que tenía en mi mano y una exclamación de sorpresa salió de mis labios cuando vi que, efectivamente, era un juguete lo que sostenía… ¿Qué estaba pasando?
Aturdida, dejé caer el teléfono al suelo y empecé a sentir un terrible mareo.
- Elena, soy James, soy tu marido y los dos vivimos aquí. Tienes que recordar…
- ¡¿Qué?! – Exclamé aterrorizada - ¡Yo no vivo aquí! Yo vivo en…
De repente, mi cabeza se quedó en blanco. Era incapaz de recordar dónde vivía.
Intenté trazar mentalmente el camino que hacía todos los días para llegar a casa, pero me era imposible recordar más allá de la acera de la morada victoriana en la que me encontraba… ¿Por qué? ¿Qué me estaba haciendo este hombre?
- Perdiste la memoria en un accidente, y desde entonces te escapas todos los días. Tienes recaídas y olvidas todo por completo. Pero no te preocupes, pronto te recuperarás. Yo cuidaré de ti…
Como la sombra fantasmal del jardín, James se acercaba a mí con los brazos abiertos y una tenebrosa sonrisa en su rostro.
Sentí que no tenía escapatoria y las nauseas me invadieron por completo.
Cerré los ojos y rece por despertar de aquella pesadilla, pero ¿y si no era un sueño? ¿Y si era real? ¿Y si era cierto que había perdido la memoria?...

Cuando abrí de nuevo los ojos, me encontraba en la calle. Estaba oscureciendo y las estrellas empezaban a asomarse tímidamente en el cielo nocturno. Sentí el frío en mi piel y eso hizo que me encontrara mejor.
Empecé a andar, no sabía muy bien hacía dónde, pero me pare en seco cuando descubrí que, una vez más, me encontraba en la calle de Red Column, y más adelante, como una sombra viva que me acechaba en la oscuridad, estaba la vieja casa victoriana…

21 comentarios:

Mª Teresa Alejandra dijo...

Estoy devolviendo poquito a poco los comentarios de mi última entrada, no puedo escribir nada nuevo por enfermedad, lo digo en mi última entrada, ni tan siquiera leeros.

Un fuerte abrazo

Maite

MAJECARMU dijo...

Silvia,tu historia me hace reflexionar...Nos dejas con la duda de si la protagonista realmente ha perdido la cabeza y el fantasma tiene razón...O si ha sido todo un sueño o un presagio de lo que va a pasar...!
Realmente buena tu misteriosa historia,que nos deja desconcertados y admirados a la vez.
Mi felicitación por tu sencilla y amena inspiración y mi abrazo inmenso,amiga.
M.Jesús

Silvia Meishi dijo...

Hola María Jesús:

Ciertamente buscaba en el relato la duda que planteas. Quería dejar al lector la decisión de si la protagonista había perdido la memoria o si se trataba de algo sobrenatural.
Gracias por tus palabras M. Jesús.

Un abrazo

Victoria dijo...

Hola silvia.he leido tu relato y me asombra tu imaginación yo por mi parte prefiero pensar que todo había sido un sueño de la protagonista, Un saludo cariñoso.

Pluma Roja dijo...

Muy bueno tu relato Silvia, dejas al lector en suspenso, buscando una respuesta.

Un fuerte abrazo, Hasta pronto.

Silvia Meishi dijo...

Gracias Victoria. Creo que todos deseamos que la protagonista despierte de un sueño...Lo cierto es que sería una situación terrible.

Un abrazo

Silvia Meishi dijo...

Gracias Pluma. Siempre me han gustado mucho los relatos de misterio.

Un abrazo

privado dijo...

Hola, me sorprendio el giro que da la trama. Porque primero la protagonista mira aquella casa e incluso la describe como algo que le causa miedo. Y depronto resulta que es su propia casa. Me gusto el ambiente del cuento, realmente me senti en aquel lugar en donde imagine neblina, maizales, monzones.. quizas exagero un poco pero todo eso se me vino a la mente =)y como ya casi es dia de muertos en México y vivo a un lado de los panteones en donde se hace la feria del hueso quedo justo. Saludos!

Silvia Meishi dijo...

Sí, la verdad es que es un relato muy apropiado para estas fechas.
Lo cierto es que pensé en desarrollar el relato de otra manera, algo más sobrenatural, más fantasmal, pero luego decidí que sería mejor dar
giro "real", es decir, dejarlo como si fuera algo que pudiera pasar de verdad...
Muchas gracias por tus palabras.

Un abrazo

Francis G. Vergara dijo...

Magnifico cuento, mantiene nuestra curiosidad hasta el final del relato. Tu descripción del ambiente nos hace sentir como la protagonista. Me ha creado una curiosidad por ver un desenlace que al final dejas a nuestra imaginación e inquieta.

Un abrazo.

Silvia Meishi dijo...

Muchas gracias. Me alegra ver que el relato ha causado el efecto deseado.

Un abrazo

sedemiuqse dijo...

Silvia lo traigo te lo mando por correo pero estoy buscándolo tu correo.

Besos

patricia dijo...

excelente relato, ese aire aire de realidad que lo envuelve, ese "¿Y si era real? ¿Y si era cierto que había perdido la memoria?..." queda flotando como un verdadero fantasma.
un beso.

Silvia Meishi dijo...

Hola Patricia:

Gracias por tu comentario. Me alegra que te guste.

Un abrazo

sedemiuqse dijo...

dejas a la imaginación del lector, das la oportunidad de crear.

Besos y amor
je

Silvia Meishi dijo...

Gracias por tus palabras.

Un abrazo

bixitoluminoso dijo...

Creo que los escritores se miden por los nudos y desenlaces que plantean...

y este texto me dejo anudada y asombrada...

Felicidades!

Silvia Meishi dijo...

Muchas gracias por dejar tu comentario y por la amabilidad de tus palabras.

Un abrazo

Jairo Andres Loaiza-Espinoza dijo...

Hola Silvia.... paso a saludarte, he pasado algo ausente pero aqui estoy visitandote...

Bello relato, con giros inesperados pero bien logrado en cada uno de lo momentos....

Te dejo un abrazo y mi deseo de bellos dias....

JALE

Silvia Meishi dijo...

Hola Jairo:

Me alegra que te pases por aquí.

Un abraazo

Paco Bailac dijo...

Silvia... gracias por su relato... bueno...
te dejo de reconocimiento.
Un saludo, Paco