14 oct. 2010

Miedo

El grito, de Munch



El miedo es una reacción física del cuerpo humano ante una situación de peligro… Entonces, ¿Por qué tenemos miedo si no hay peligro?



Diana, sentada en un frío banco que adornaba un descuidado parque, se preguntaba por qué tenía miedo. No era la primera vez que aquella interrogación le rondaba por la cabeza, pues llevaba años intentado averiguar cuál era el origen de un absurdo pánico que no le permitía vivir a gusto.
En el parque, cuyos árboles desabrigados de hojas recorrían tortuosos senderos, Diana se sentía mejor, más protegida. Quizás porque la soledad de aquel momento, le parecía una cálida manta a la que aferrarse.
Sumida en las profundidades de su mente, no se había dado cuenta de que un anciano de aspecto amable se había sentado a su lado, para mirar al horizonte con unos ojos ya cansados.
Y así pasaron casi diez minutos, en los que el silencio era lo único que reinaba en el frío banco de metal.
- Parece que va a llover – se animó a decir el anciano con una voz carrasposa.
Diana no dijo nada. Solo le miró y asintió levemente.
- Cuando cambia el tiempo suele dolerme la rodilla ¿Sabes? Y ahora me está matando, así que debe de estar a punto de caer un buen chaparrón –
El anciano acompañó sus palabras con una graciosa risita, intentando quitar importancia a su dolorida rodilla.
Diana dibujo en su rostro una forzada sonrisa. No quería hablar con nadie, pues la gente también le daba miedo, pero aquel señor no tenía la culpa de las angustias de la joven, y por eso no quería parecer maleducada.
Pasó otro rato en los que el silencio volvió a apoderase del banco, pero esta vez, Diana se levantó con intención de marcharse.
- ¡Espera. Se te ha caído esto! – Gritó el anciano cuando ella ya empezaba a alejarse.
Diana se volvió justo a tiempo para ver como el hombre se agachaba torpemente para recoger un papel arrugado del suelo.
- Gracias – Contestó mientras se acercaba de nuevo para recuperar el papel.
Ya sabía lo que había escrito, pero aún así, lo leyó:
¿A qué tienes miedo?
Diana lo había escrito con la esperanza de darse una respuesta a si misma, y despejar el origen de sus ansiedades.
- ¿A qué tienes miedo? – Repitió el anciano al leer el papel por encima de su hombro.
Instintivamente Diana le miro y respondió:
- A la vida.
Se quedó pensativa, ya que su respuesta había tomado forma en sus labios sin apenas darse cuenta.
- Es curioso – susurró el anciano – Yo temo a la muerte.
La joven, a la que conocemos por Diana, pero que en realidad, podría ser cualquiera de nosotros, se vio reflejada en los cansados ojos del hombre desconocido, y se dio cuenta de que un abismo de edad y de experiencias les separaba.
- Sin embargo la muerte no me teme a mí, ni la vida te teme a ti. Ellos continúan su camino – Siguió diciendo el anciano. – La vida nos trae muchas cosas buenas, y las malas… no siempre son tan malas. Depende de cómo quieras verlo. No tengas miedo, porque la vida te la construyes tu misma… Y yo, que temo a la muerte, me pregunto ¿Por qué temo a algo que no existe? Pues al fin y al cabo, mientras viva, la muerte no estará, y cuando muera, yo ya no estaré –
Refunfuñando para sí mismo, el anciano se fue caminando lentamente, perdiéndose entre los invernales árboles deshojados. Mientras, Diana, se quedó inmóvil, con el trozo de papel en su mano y con la mirada puesta en el hombre de avanzada edad, que iba desapareciendo poco a poco, adentrándose en un horizonte lejano.

18 comentarios:

Pluma Roja dijo...

Buena reflexión de cierre: "mientras viva, la muerte no estará, y cuando muera yo ya no estaré" Se le olvido decir, que la muerte no da miedo, da miedo la espera de la muerte.

Precioso cuento querida Silvia. Siempre he creído que eres Michi, michi, gatita. Hasta pronto, un fuerte abrazo.

Silvia Meishi dijo...

Hola Pluma:

Muchas gracias por tus palabras. Tienes razón, lo que da miedo en realidad es la espera de la muerte, o quizás el hecho de saber que vamos a morir. Precisamente ayer me vi un documental muy interesante que hablaba sobre la inmortalidad del hombre, y la obsesión de la ciencia para retrasar el envejecimiento. Decían que el problema del ser humano es que sabe que se va a moriri, mientras que un animal no.

Un fuerte abrazo

Francis G. Vergara dijo...

Deberíamos considerar a la muerte como algo inherente y necesario en la vida, valorando el tiempo de vivir con reflexión y proyectos. Creo que la idea de la muerte está más ligada a las circunstancias que la desencadenan (muertes cercanas, enfermedades, separación, etc).
En cuanto a la VIDA, deberíamos aprender a "ser" y no obsesionarse con el "hacer", buscar el placer a la vida, considerar el éxito y el fracaso como criterios validos para vivir, dado que nuestras emociones básicas nos pueden llevar a frustraciones que se van almacenando en el subconsciente,y sino se liberan o dirigen, poco a poco se van apoderando de nuestra mente creándonos una muerte en vida, es decir, el sufrimiento que nos impedirá ver lo mas bello de nuestro entorno, el amor, un amanecer, la creatividad, que se yo...,en definitiva el vivir la VIDA.
Un abrazo.

medianoche dijo...

Hola amiga, gracias por tu visita, estaba leyéndote en esta madura reflexión, cuanta verdad hay en tus letras, los seres humanos le tememos a todo aquello que no conocemos bien, me encanto.

Besos

Silvia Meishi dijo...

Es cierto, estamos llenos de miedos que nos impiden vivir el presente, que es lo único que cuenta.

Un abrazo

La sonrisa de Hiperión dijo...

Miedoo... que quieres que te diga, si soy un cagueta... jajaja

Saludos y un abrazo.

sedemiuqse dijo...

Me ha gustado mucho. Se teme a lo desconocido. Algo extraño porque si desconocemos no tendríamos que tener ese miedo. El miedo es todo lo contario al amor
Vida y muerte están unidas de la mano.

Besos y amor.
je


PD

Si me das permiso lo leeré en un programa de radio el lunes. Siempre dando tu nombre.

Espero respuesta
Besos y amor
je

sedemiuqse dijo...

Silvia gracias ya lo he copiado y lo tengo imprimido, Te mandaré la grabación. Espero me salga bien la lectura.

Besitos y millones de gracias.
je

Francis G. Vergara dijo...

Se aprecia como aprovechaste el tiempo en Noruega. Thaulow debería tener más reconocimiento,en mi caso lo descubrí al visitar Oslo, quedé gratamente sorprendida. Gracias por traerlo a tu blog y difundir la cultura.

Silvia Meishi dijo...

Buenos, ya sabaes que me gusta la pintura, pero no soy muy entendida (ojalá) Los paisajes de Thaulow me han gustado mucho, y recopilé unos pocos para ponerlos en el blog. Me alegro de que te guste.

Besos

Mª Teresa Alejandra dijo...

Me ha encantado el relato, la Vida por sí misma es hermosa, y aún habiendo adversidades, hagamos de ella una maravilla.

un abrazo

Maite

Silvia Meishi dijo...

Hola Maite. Tienes toda la razón. La vida es algo maravillos, y está en nuestras manos hacer que así sea. Gracias por tus palabras.

Un abrazo

MAJECARMU dijo...

Silvia,te agradezco tu visita,que me ha permitido entrar a tu blog y conocerte un poquito.Tu escrito es sumamente interesante,la juventud y la vejez frente a frente,cada cual con sus miedos...!
Te felicito por tu encantadora sencillez,que nos ofrece un tema profundo y vital para reflexionar...Tememos lo que no conocemos...!
Te dejo mi abrazo inmenso y leeré alguno más de tus posts.
M.Jesús

Silvia Meishi dijo...

Hola M. Jesús. Muchas gracias por tus palabras y por tu visita. Estaré encantada de leerte y de compartir mis relatos contigo.

Un abrazo.

privado dijo...

es cierto, no deberiamos tenerle miedo a la vida, si de todos modos vamos a morir hay que arriesgarse porque solo tenemos una oportunidad. me gusto el relato gracias

Ricardo Miñana dijo...

Como humanos no podemos evitar el sentir miedo,
muy bonito el texto, un placer pasar por tu casa.
que disfrutes el fin de semana.
un abrazo.

Silvia Meishi dijo...

Hola Ricardo:

Gracias por tu visita y por tu comentario.

Un saludo

Victoria dijo...

Silvia, tus relatos nunca me dejan indiferente. Al analizar el miedo nos damos cuenta que es hacia algo que no existe ya que no sabemos lo que la vida nos puede deparar. Un saludo y gracias por tus palabras siempre amables.