6 oct. 2010

La Mirada

Samuel Beckett



Miro desolado las notas inconexas que he plasmado en un pentagrama absurdo, sin sentido, ilegible… Resaltan deseosas de ser tocadas, anhelantes de verse representadas en el sonido atronador de mi ya viejo piano de cola que tantos años hace que adorna mi sala de estar, más su melodía ya no alcanza a oírse por ninguna parte. Tan solo el polvo acaricia su superficie en burdo intento de hacerlo visible.
Me encuentro sentado en mi añorada banqueta que años atrás me ha acompañado en tantas melodías, en tantas creaciones… Entonces estaba inspirado, lleno de ideas y sentimientos que se agolpaban en innumerables partituras que sonaban como sirenas en mi inseparable piano de cola. Sin embargo, ahora que ha pasado el tiempo, la musa de la inspiración parece haberme abandonado sin ningún tipo de resentimiento. No soy capaz de crear nada que posea un atisbo de congruencia, de armonía, de corazón. No soy más que un mediocre, cansado de verse así mismo, cansado de notas y partituras que no llenan una vida vacía de todo.
Me levanto frustrado después de dos horas recorriendo con los ojos pentagramas huecos e inescrutables. Me dirijo abatido a la puerta de mi casa, y la abro para escapar de un mundo que ya no es el mío, que ha dejado de pertenecerme escapando a un control que creía poseer.
Salgo a la calle e inspiro el aroma del bullicio que cada día adorna la gran ciudad en la que, no se si por fortuna o por desgracia, me he criado.
Veo una marea de cuerpos humanos que corren de un lado a otro en busca de algo que jamás encontrarán. En busca de un sueño que no quiere ser soñado…
Salgo a la calle y en lo primero en que reparan mis ojos es en un vagabundo que se aferra desesperado a un pequeño cuenco de plástico en cuyo interior no hay más que una miserable moneda. Reposa sentado en la acera con una deshilada manta como único sustento para protegerse del incómodo frío que azota las calles en invierno.
Me acerco a el y lo miro. Miro como sus ojos cansados de vivir se levantan y se posan en los míos. El corazón me da un vuelco, se me aceleran las pulsaciones al ver, por primera vez en mi vida, una mirada como aquella. Una mirada penetrante en la que se puede distinguir el desamparo de una vida cargada de sufrimiento y dolor, de decepciones y amarguras, y sin embargo, me sorprendo al descubrir en aquellos ojos transparentes de sinceridad, un resquicio de alegría, de júbilo, de esperanza.
Me acerco aún más, quizás con la intención de darle una moneda, y reparo en un pequeño cartón que cuelga de su cuello en el que se puede leer, no sin cierta dificultad, la palabra GRACIAS. Deposito la moneda en el sucio cuenco de plástico, aún cautivado por esa mirada que parece haberlo visto todo, y sin poder contener mi absurda curiosidad le pregunto:
- Disculpe…¿Por qué lleva el cartel colgado del cuello? ¿no sería más cómodo dejarlo en el suelo?
El hombre, cuya edad es insospechada, me clava sus potentes ojos y me contesta con una voz tan contundente como segura:
- Verá, señor. Lo llevo en el cuello porque cada día agradezco estar vivo. Agradezco poder ver un atardecer coloreado por el sol, y una noche arropada por las más hermosas estrellas. Si lo dejo en el suelo, nadie verá lo mucho que agradezco el pisar un suelo que muchos no pueden.
Vuelvo a mi casa, absolutamente extasiado por la mirada más sabia y más conmovedora que jamás he visto, que jamás he podido percibir.
Me siento frente a mi piano y... Dios mío, las notas empiezan a salir solas, empiezan a manar en una cascada de imparable inspiración. La melodía es perfecta, los acordes son sublimes, la obra es mi gran obra, mi piano vuelve a tener vida, y su sonido recorre cada rincón de mi casa.
El título de aquella espléndida armonía que durante tantos años se había resistido, no podía ser otro: GRACIAS.

14 comentarios:

Pluma Roja dijo...

Silvia, buenas tardes. ¿Te había dicho que escribes muy bien? Sí, no? Bueno, lo recalco, me encantó este cuento. Felicitaciones.

Hasta pronto.

El Ser Bohemio dijo...

Debemos llevar el cartel colgado del cuello y dar gracias de estar vivos. Exelente entrada, espero que las notas del piano sigan fluyendo como cuando llego a casa. beso

http://el-ser-bohemio.blogspot.com/

Silvia Meishi dijo...

Hola Pluma:
Escribrí este relato hace algún tiempo. Muchas gracias por tus palabras. Me alegra mucho que te haya gustado.

Un abrazo

Silvia Meishi dijo...

Estoy de acuerdo. El estar AQUI, vivos, es lo importante.

Un abrazo

Francis G. Vergara dijo...

Estar vivos. Poder mirar, oler, tocar...sentir en cualquier forma las cosas que nos da la viva, es una bendición que no siempre apreciamos, incluso en los momentos difíciles deberíamos sopesar lo que aprendemos y sacarle la parte mas positiva, la experiencia y el conocimiento...,en definitiva sabiduría que es la verdadera riqueza.

La fuerza del rostro de Beckett impresiona, sus rasgos lo dicen todo. He tenido la suerte de ver una de sus obras representadas, "Esperando a Godot", que me llevó a cuestionarme y profundizar en mi ser, su pesimismo es una fuente de meditación hacia lo mas profundo que tenemos y nos rodea, aunque a veces nos parezca esperpéntico.

Silvia Meishi dijo...

Elegí la foto de Beckett porque me pareció que su mirada lo dice todo. Estuve investigando sobre su vida y su obre hace algún tiempo, y me resultó un hombre sumamente interesante.

Un beso

patricia dijo...

Silvia, me encantó dejarme llevar por tus palabras, en un relato realmente maravilloso!
gracias, un abrazo.

Silvia Meishi dijo...

Hola Patricia:

Muchas gracias por tus palabras.

Un abrazo

don vito dijo...

Hola Silvia,eres muy amable,gracias por tus palabras,eres un encanto,gracias, pasa buen domingo, besos.

medianoche dijo...

Hermoso cuento poético, me encanto.

Besos

Silvia Meishi dijo...

Muchas gracias. Me alegra que te haya gustado.

Un abrazo

La sonrisa de Hiperión dijo...

Encantador tu blog, un placer haberme pasado. Estaremos leyéndonos, seguro...

Saludos y un abrazo.

Victoria dijo...

Hola Silvia, siento no haber podido acercarme antes al blog porque esta entrada es francamente estupenda. En ocasiones nos sentimos muy desamparados pero somos muy afortunado por estar vivos un día más. Un saludo

Silvia Meishi dijo...

Hola Victoria. Muchas gracias por tus palabras.

Un abrazo