14 abr. 2011

El callejón de las Ánimas



La noche ya había comenzado a caer. Los últimos rayos solares se despedían de un primaveral día, tiñendo de naranja el reflejo azulado del cielo.
Alejandro paseaba por las angostas calles de aquel pintoresco pueblo, sin un rumbo en concreto, solo admiraba el ambiente medieval que aún conservaba aquella pequeña localidad que le había acogido durante un par de días.
De repente, se detuvo. El nombre que le habían dado a un estrecho y largo callejón le resultó curioso: El callejón de la Ánimas, rezaba una vieja placa apenas visible.
El callejón se presentaba oscuro, siniestro, tenuemente iluminado tan solo por dos pequeñas farolas. Sin embargo, un halo de misterio cargaba de atractivo el lóbrego pasadizo.
Alejandro, curioso, decidió continuar su paseo por aquella oscura callejuela, aprovechando que aún quedaba algo de luz y disponía de tiempo antes de que llegase la noche. Pero después de recorrer unos pocos metros, descubrió que la calle se hacía cada vez más estrecha y más siniestra.
Un olor a incienso acarició la nariz de Alejandro, que inspiró profundamente para embriagarse de aquel aroma de origen incierto.
Entonces apareció la mujer… Caminaba despacio y empujaba un viejo carricoche de color negro.
Alejandro se detuvo. La figura de la mujer se había hecho visible de repente, al final del callejón, donde la oscuridad impedía ver más allá.
Las ruedas del carricoche chirriaban, imitando al maullido de un pequeño gato, y la mujer, que parecía vestir de luto, se acercaba poco a poco hasta el punto donde se encontraba Alejandro.
Cuando llegó a su altura, la mujer se detuvo.
Alejandro se quedó unos segundos desconcertado, observándola de cerca…
Era muy alta, extremadamente delgada y cubría su cuerpo con un vestido negro que casi le llegaba hasta los pies. Su rostro permanecía velado tras un velo opaco.
Pero lo que más le sorprendió a Alejandro, era ver que en el carricoche no había ningún niño… No había nada…
- Buenas noches – logró balbucear.
Ella no se movió, no dijo nada…
- ¿Se encuentra bien? ¿Necesita ayuda?
Entonces, la mujer empezó a girar la cabeza lentamente hacía él, como si quisiera mirarle tras aquel velo y le costara trabajo.
- Sí… - susurró aquel espectro en un tono apenas audible.
Soltó el carricoche y alzó los brazos hacía él.
-¿Quieres ser mi hijo…? – preguntó con un hilo de voz.
Alejandro, visiblemente asustado, dio media vuelta y se dispuso a huir de aquella extraña mujer por donde había venido. Sin embargo, por más que avanzaba hacia la salida, no lograba encontrar el final de la calle. Era como si no se acabara nunca…
Tras él, el chirrido de las ruedas del carricoche se hacía eco en el callejón como si de una siniestra banda sonora se tratase.
Alejandro no sabía qué hacer. Si retrocedía, se encontraría de lleno con la mujer, si seguía corriendo hacía ningún lugar, acabaría agotado.
Finalmente decidió ocultarse en el rellano de un portal para intentar recuperar el aliento, pues su corazón le golpeaba el pecho de tal manera que pensó que se le saldría si no lo impedía.
De repente, como una pesadilla inacabada, la mujer apareció a su lado, moviéndose como si se tratara de una película a cámara lenta, como si estuviera a punto de romperse, como si no tuviera vida…
Alejandro gritó.

En la plaza del pueblo, muy próxima al callejón de las Ánimas, Agustín, un anciano que vivía allí desde que era un niño, oyó el eco de un grito que le resulto espeluznante.
La carne se le puso de gallina y supo en seguida que algún forastero despistado había entrado en el callejón de las Ánimas después de caer la noche…

12 comentarios:

Ángel Isidro dijo...

El relato tiene tradicción basado en las leyentadas Urbanas, no me da miedo de las
animas del purgatorio poque ya lo dice la
palabrabra, pero admiro tu capacidad de
interpretación. ¡Enhorabuena!
Un beso Ángel.

http://elblogdeunpoeta.blogspot.com/

mariarosa dijo...

¡¡¡Ay mamita que miedo!!!

Muy buena historia.
Gran imaginación la tuya, felicitaciones.

mariarosa

Marcos Callau dijo...

Muy bueno, muy bueno Silvia. Estupendo y becqueriano relato el que nos regalas hoy. El final me ha parecido magnífico. Enhorabuena.

Silvia Meishi dijo...

Cierto Ángel, las leyendas urbanas me han inspirado para escribir este relato. El protagonista se ve dentro de una ellas sin saberlo... ¡Gracias por tus palabras!

Un abrazo

Silvia Meishi dijo...

Marcos, amigo, me halaga mucho que lo describas como becqueriano. Es estupendo que te haya gustado.

Un abrazo

MAJECARMU dijo...

Un relato donde la realidad y el sueño se dan la mano,menos mal que,el viejo de la plaza es fiel testigo de que,siempre se repite la historia con el forastero que ignora...
QUÉ MIEDO,AMIGA,TAMBIÉN YO ME HE SENTIDO IGNORANTE FORASTERA.
Mi felicitación y mi abrazo grande,Silvia.
M.Jesús

Jairo Andres Loaiza-Espinoza dijo...

Aquellas leyendas urbanas que siempre tienen aquel toque de misterio un toque de verdad...

buen relato amiga mia...

Un abrazo y feliz semana...

JALE

TORO SALVAJE dijo...

Terror puro y duro.
Y del bueno.
Me ha gustado mucho.
Te felicito.

Saludos.

Silvia Meishi dijo...

Cierto, Jale. Algunas leyendas vienen de un suceso real...
Gracias, amigo.

Un abrazo

Javier dijo...

Vaya, había puesto un comentario hace días en tu entrada y ahora no está.
Misterios de la red.
Te decía que me ha gustado el relato, que me ha sumergido en el terror y que sabes escribir tus emociones.
Más o menos decía eso, pero quizás con otras palabras que ahora, cabreado por ver que ya no está, no sepa decir lo que me ha emocionado tu texto.
De todas formas, es bueno.
Dicho queda.

Saludos.

Ojosnegros dijo...

Da miedo y me gusta, me encantaría ver a los personajes en una buena película (porque sería muy buena)
Besos.

Silvia Meishi dijo...

Hola, Javier:

A mi me ha pasado lo mismo muchas veces con los comentarios.
Te agradezco que hayas vuelto para volver a escribirlo. Muchas gracias por tus palabras.

Un abrazo