26 abr. 2011

Valiente



Alzó la cabeza y le miró a los ojos. Quería ser valiente, quería decirle que aquello no le parecía bien, pero no lo hizo. No pudo. Agachó de nuevo la mirada y frunció el ceño en señal de derrota.
El hombre, que ni siquiera había visto el osado amago de Amy, continuaba torturando a su prisionero, en busca de una respuesta que nunca le daría, porque no la sabía.
Amy, observaba horrorizada como las heridas del preso sangraban abundantemente, dejando una mancha escarlata en las sucias baldosas del suelo. Era como si el color de la vida empezara a apagarse, disolviéndose al perder contacto con el cuerpo que lo contenía.
Amy sabía que, una vez acabase la tortura, si sobrevivía, tendría que curarle las heridas. Tendría que mirarle a los ojos y explicarle sin palabras por qué no le había ayudado.
“Sólo soy una enfermera” Le diría “Si te ayudo, podrían matarme”.
¿Le hubiera ayudado el prisionero a ella, si se encontrase en su misma situación? Amy nunca conocería la respuesta, pero sí sabía que ella no había sido capaz de detener aquella tortura, al igual que muchas otras.
“Yo no soy valiente” Se dijo a sí misma. Y cerró los puños mientras observaba impotente como la vida del preso se escapaba ante sus ojos.




La historia de Irena sendler me ha inspirado para escribir este pequeño relato. Irena fue una mujer valiente, muy valiente, que salvó a más de 2500 niños judíos del Gueto de Varsovia, poniendo su propia vida en peligro.
A los que no conozcáis su historia, os invito a que la leáis en este enlace. Sin duda, nos dejará indiferentes.



http://es.wikipedia.org/wiki/Irena_Sendler



21 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Desde luego es una historia muy inspiradora y tu relato muy acertado, Silvia. No es fácil ser valiente en esas circunstancias. Enhorabuena por tu relato Silvia. Saludos.

Pluma Roja dijo...

Una buena inspiración Silvia, Un gusto leerte.

Hasta pronto.

Besos.

Victoria dijo...

Hola Silvia. Una historia estremecedora y no sabría mi reacción en una situación tan dura, Un saludo cariñoso. Pasaré por ese enlace. gracias,

Ángel Isidro dijo...

Una persona sólo tiene derecho
a mirar a otra hacia abajo,
cuando ha de ayudarle
a levantarse.

Un veso
Ángel.

http://elblogdeunpoeta.blogspot.com/

Silvia Meishi dijo...

Amigo Marcos, estoy de acuerdo, no es nada fácil ser valiente. Por eso me ha gustado tanto la historia de esta mujer. Creo que podemos aprender mucho de ella.

Un abrazo

Silvia Meishi dijo...

El gusto es mío, Pluma, por tenerte por aquí.

Un abrazo

Silvia Meishi dijo...

Hola, Victoria:

Realmente yo tampoco sabría cuál sería mi reacción, de ahí que me haya inspirado para escribir este relato. Creo que no sería nada fácil y me pregunto si yo sería capaz de arriesgar mi vida como lo hizo Irena. Si lo piensas, ya no se trata sólo de arriesgar tu vida (que no es poco) sino de saber que te van a torturar, como le ocurrió a ella. Si te matan, te han matado, pero torturarte hasta la muerte...(ella tuvo suerte y pudo sobrevivir)¿Seríamos capaces de hacerlo? Yo no sé si podría...

Un abrazo

Phausca dijo...

Silvia, tu relato es muy duro, qué situación tan dolorosa y difícil!! no es fácil ser valiente, sin embargo, hay tantos seres valerosos, como esta mujer que ha salvado la vida de tantísimos niños! admirable, mi profundo respeto.

un abrazo, amiga!

Javier dijo...

Cada vez admiro más a los/as valientes.
Pasé por temporadas de admirar la bondad, la inteligencia, la paciencia, la belleza... pero desde hace mucho tiempo admiro a los/as valientes, mucho.
Buen corto.

Saludos.

Francis G. Vergara dijo...

La vida nos pone difíciles encrucijadas, situaciones donde tomar partido, o mantenernos al margen hacen que nos sintamos posteriormente culpables.
En el caso que relatas (muy interesante), una intervención no hubiera servido de nada, la fuerza era superior. Creo que si uno se arriesga, debe hacerlo con inteligencia, como en el caso de Irena y muchos otros, que convivieron en guetos y campos de concentración y ayudaron a salvar muchas vidas.
La tortura es un riesgo que personalmente no estoy dispuesta a soportar, antes me suicidaría.

Silvia Meishi dijo...

Sin duda, Javier, la valentía es digna de admirar. Es una virtud muy poderosa.

Un abrazo

Silvia Meishi dijo...

Hola, Paqui:

Creo que el valor puede hacer muchas cosas, y aunque la fuerza sea superior, a veces podemos conseguir lo que nos parece imposible. En mi pequeño relato, la enfermera tenía todas las de perder, pero, imagina que ella, en un arrebato de valor, consigue neutralizar al torturador con un arma o dándole un golpe. Si falla, una lucha cuerpo a cuerpo sería fatal para ella, pero si lo deja inconsciente, puede salvar la vida al preso y huir. Seguramente moririía ¿merece la pena? Eso depende de cada uno.
Hacer las cosas con inteligencia es vital, estoy totalmente de acuerdo, pero seguramente Irena sabía que su plan no tardaría en ser descubierto y sabía que probablemente la torturarían y moriría. Aún así, siguió adelante. La enfermera de mi relato también sabía que moriría si ayudaba al preso, pero actuar o no, dependía de ella.
En fin, creo que es un debate difícil.

Un beso

ADELFA MARTIN dijo...

Hola...en un viejo blog que tuve, Historias de la Abuela, alguna vez escribì algo sobre esta maravillosa mujer...Que si que era valiente y fuerte.

Un placer visitarte,

saludos

Mar dijo...

Ser valiente es aguantar un poquito más, solo un poquito más, que el adversario.

Besos.

E. Martí dijo...

Los valientes son muy necesarios.
Gracias por tu comentario
Un abrazo

MAJECARMU dijo...

Silvia,conozco la historia de Irena,el año pasado le dediqué una entrada,ella como enfermera salvó a miles de niños de la muerte.
Fué valiente,como la enfermera de tu relato,que nos ha emocionado tremendamente.
Mi felicitación y mi abrazo grande siempre,amiga.
M.Jesús

Adriana Alba dijo...

conocía la historia de Irena y tu relato me conmovió muchísimo.

un placer pasar por aqui.

abrazos Silvia.

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Amiga Silvia, gracias por compartir, y te felicito por como lo haces. (Viviendo aquella historia). No se si eres enfermera, (yo si lo fui), y me siento identificado leyéndote.
Es un placer contactar con personas que sienten el dolor de ajeno, aunque no lo pueda evitar. Creo que el enfermo cuando nos mira a los ojos, sabe que está en buenas manos y lo agradece....respira mejor..
Un abrazo amiga, hasta luego.
Jecego.

Mar dijo...

Me acabo de dar cuenta que no me había puesto de seguidora tuya. Error solucionado.

Besos.

Macarena García - Lastra Martorell dijo...

Increíble Silvia, has hecho que me netren ganas de leer y leer el enlace...

David C. dijo...

Pienso que cuando uno se decide a ser más valiente de lo que ya es, empieza a sacarle más jugo a la vida. Eso si en cosas trascendentes.