13 sept. 2011

Μορφεύς

Pierre-Narcisse Guérin Morfeo e Iris



- Déjame huir. Quiero cerrar los ojos y olvidarme de esta existencia. Quiero soñar…
Pero Aldora no podía soñar. La oscuridad invadía su mente, borraba sus recuerdos y no le permitía traspasar el umbral que separa el mundo consciente del onírico.
No podía sumergirse en aguas de colores, no podía volar, no podía visitar lugares imposibles… Estaba condenada a contemplar el vacío cada vez que sus párpados se cerraban.
Las noches eran para Aldora una marea de estrellas titilantes que no se dejaban tocar, ni si quiera desear. Estaban prohibidas para ella, pues las estrellas transportaban sueños de una galaxia a otra, y Aldora no soñaba…
El cálido abrazo de Morfeo había desaparecido, sus manos no la tocaban y su plácida voz había dejado de cantar para ella. Morfeo ya no la amaba…
- Permíteme soñar – suplicaba Aldora – Llévame contigo.
Pero era demasiado tarde, ya que el dios de los sueños había encontrado algo mejor a lo que abrazar: las almas humanas. Morefeo se había enamorado de todas ellas.
Sin embargo, Aldora, cuyo sueño se había transformado en oscuridad, decidió perseguir a Morfeo a través de los sueños de las almas humanas, convirtiéndose así en la pesadilla de aquellos que caen en su noche eterna, en su vacío, en su desdicha.
Pero, ¿Qué ocurrirá cuando Morfeo se enamore de otro? ¿Dejaremos de soñar?