21 oct. 2011

La Luz






En un túnel oscuro cualquier luz nos parece bonita, pero no nos damos cuenta de que la verdadera luz se encuentra dentro de nosotros mismos; solo tenemos que buscarla, y esa es la búsqueda más importante de nuestras vidas.
Cuenta una leyenda que hace muchos años una estrella llamada Osiris, al igual que el dios egipcio, brillaba en el cielo nocturno con una luz casi cegadora. Era el orgullo del firmamento y la envidia para muchos astros que vivían a su a lado.
Un día, una estrella fugaz llamada Destello, surcaba el espacio en busca de un lugar donde caer, pues estaba cansada de recorrer tantos kilómetros sin ningún destino al que dirigirse.
Destello pudo ver la luz de Osiris desde mucha distancia y, poco a poco, fue quedando cegada por aquella claridad que iluminaba todo el firmamento. La estrella fugaz quedó enamorada de tan hermosa visión, y fue entonces cuando decidió que aquella bola de luz sería su destino.
Destello chocó contra Osiris, introduciéndose hasta lo más hondo de sus entrañas, y las dos estrellas reventaron en millones de partículas de luz que se dispersaron por todo el universo.
Muchas de esas partículas cayeron en la Tierra, y de aquellos fragmentos luminosos surgió la vida.
Reza la leyenda, que cada uno de nosotros llevamos dos partes de luz, una de Destello y otra de Osiris, y que la conjunción de ambas se ha convertido en nuestra alama.
Aquel que mire dentro de sí mismo, encontrará su luz. Los destellos que encontremos fuera, no iluminarán nuestro camino.