16 nov. 2011

El mar de los fantasmas






El destello plateado de la luna se reflejaba distorsionado en las oscuras aguas del mar. Las suaves olas lo llevaban de un lado a otro, meciendo la luz grisácea como en un intento de dormir al astro.
Todo estaba tranquilo en alta mar, y el pequeño barco de vela descansaba sosegado sobre las aguas. Solo un ligero balanceo perturbaba el placentero sueño de la embarcación.
Sin embargo, algo se agitaba dentro de aquel apacible velero. Una intranquilidad se apoderaba del silencio de la noche oscura. ..
Andrés, apoyaba su cabeza sobre la mano derecha, en un ademán de mareo, mientras parte de su rostro, permanecía oculto en las tinieblas.
Apretaba fuertemente los ojos, y en su respiración, se apreciaba un desagradable murmullo causado por una fuerte agitación.
-Vete… - murmuró, con una voz grave e imperativa. -Aléjate de mí.
El eco de una oscura carcajada invadió el camarote del pequeño velero.
-¡Basta! – gritó Andrés descubriendo su rostro, dejando ver una cara curtida por los años y erosionada por la mar.
Silencio…
Andrés llevaba dos semanas en alta mar, sólo, únicamente en compañía de las olas y del horizonte. Era un hombre de agua, un apasionado, pero esta vez se había adentrado en un mar prohibido, en una marea vedada. No quiso hacer caso a las advertencias de los marineros, y zarpó rumbo al mar de los fantasmas.
-Andrés… - susurró una voz fría, espectral, apenas audible. –Andrés…
De nuevo, otro silencio. Esta vez, ni siquiera las olas parecían moverse.
De repente, una sombra etérea empezó a tomar forma en el camarote del barco. Poco a poco, se podía distinguir la silueta de una persona.
Andrés, horrorizado por aquella visión, se tapó la cara.
-¡Vete!- Pero el grito quedó ahogado en sus manos.
-Andrés…
Entonces, una mano fría tocó su brazo. Andrés, sintió estremecerse, su sangré se congeló, y en un acto reflejó, se destapó la cara para defenderse de lo sobrenatural.
No había, nada, no había nadie…

Cuando el sol iluminó el mar a la mañana siguiente, el cuerpo sin vida de Andrés flotaba mecido por el ligero oleaje. Chocaba contra un cuerpo y luego contra otro…Era, pues, una marea de cadáveres.
-El mar de los fantasmas se alimenta de los hombres que surcan sus olas- Le había advertido un marinero…