25 ene. 2013

Mi músico

Piano player, Beata Biegajło



Es difícil relatar la historia de un músico. Vidas complejas, rebosantes de emociones desando ser impresas en una partitura. Sentimientos prohibidos, felices y amargos, que nos llegan a través de las notas de un piano, de un violín, de un arpa, de un clarinete…  
Pero esta es la historia de un músico muy especial, es la historia de MI MÚSICO, el hombre que llena mi vida con una melodía muy especial: la del amor. 
Mi músico es pianista. Todos los días se enfrenta a si mismo a través de un elegante piano de pared. Se desnuda, aunque con vergüenza, para mostrar la esencia de su vida, para sentirse libre, para hablar con el universo… Y el universo le escucha.
Pasea sus dedos por la superficie de un teclado que se convierte en su vehículo, en su modo de expresión, en su alma.
Recorre partituras, conversa con las teclas, oye con el espíritu…
Él aún no lo sabe, pero es un GRAN PIANISTA, porque mi músico crea música, la da vida, la despierta y la moldea.
Y yo me siento feliz de poder compartir su melodía, de darle la mano para caminar juntos a través de este viaje, de ser su compañera, su amiga y su amante.
Me siento orgullosa de sus logros, alegre de su alegría y triste de su tristeza; porque la historia de mi músico es también mi historia, y las estrellas, que son los ojos del universo, nos contemplan juntos, como una única nota, como una única melodía.
 

4 ene. 2013

La estación


Un lejano estruendo empezó a oírse poco a poco. Parecía una tormenta que amenazaba con descargar su furia, el dedo de un dios a punto de señalar a un culpable…
Magdalena alzó la vista y miró más allá de la vía. El tren se acercaba, llegaría en pocos minutos, y ella no sabía si estaba preparada.
Se atusó el pelo con cierto nerviosismo y comprobó que su vestido no estuviese muy arrugado. Suspiró…
El tren empezó a asomar su vieja locomotora y el estruendo se hizo aún más fuerte.
Ahí estaba…
Magdalena pudo notar como su corazón palpitaba con fuerza, y llevándose la mano al pecho esperó que sus nervios no la traicionaran.
El tren fue perdiendo velocidad y los vagones fueron pasando frente a la joven, mientras desconocidos rostros se dibujaban fantasmales en las ventanas.
Por fin detuvo su marcha. Las puertas se abrieron y de ellas empezó a bajar gente que buscaba con esperanza una cara familiar a la que dirigirse.
Unos se abrazaban, otros continuaban su camino en soledad, pero todos venían de la misma ciudad. Poco después, el eco de un silbato anunció la salida del tren.
El corazón de Magdalena dejó de latir con fuerza, y su mano se fue despegando poco a poco del pecho. 
No había venido… Él le dijo que si decidía pasar su vida con ella, cogería el tren de las 16:00… Pero no había venido, o al menos, no quiso bajarse en esa estación.