6 nov. 2013

Mi querida Nostalgia





Su rostro siempre estaba triste, ausente; con los ojos perdidos en algún lugar del horizonte. Nunca sonreía, y si lo intentaba, las lágrimas se apresuraban a galopar por sus mejillas hasta caer sobre su pecho.
No había nada que pudiera hacerla feliz. Por muchos momentos alegres que viviese, ella siempre lloraba sin ninguna razón. Sollozaba en la penumbra sabiendo que nunca encontraría consuelo en un cielo azulado o en una noche bañada de estrellas fugaces.
Era como una maldición adherida a su espíritu.
Y aquella desconsolada niña, que junto a mí se convirtió en mujer, me acompañaba allí a dónde quiera que fuese. Siempre estaba conmigo, a mi lado. Me agarraba de la mano y a veces e incluso me abrazaba con fuerza.
Era mi compañera, y aunque a mí no me gustaba su tristeza, sentía que no podía dejarla sola.
No hablaba mucho y no sabía mucho sobre ella, a pesar de que siempre la había conocido, sin embargo, en un intento de explicarme quién era, me dijo que se llamaba Nostalgia y que nunca podría dejar de ser mi amiga.