17 sept. 2014

Paseo de otoño



Las hojas no cesan de crujir bajo el peso de mis pies descalzos.
Hace frío, y la humedad de la lluvia recién caída rocía aún más el ambiente. Pero no me importa, la sensación de caminar bajo el manto de un bosque que acaba de entrar en el otoño es indescriptible, extraordinaria. Es el comienzo, quizá, de la estación más especial del año.

Mientras el canto de los pájaros empieza oírse de nuevo, una vez despejado el  chaparrón torrencial, paseo por entre los árboles que compiten por alcanzar un lugar cercano al sol, un trozo de cielo que les asegure el calor del gran Astro, y que ilumine sus ramas para bañarlas de color dorado.

El olor a tierra mojada impregna mis fosas nasales, dejando una agradable sensación de serenidad y de paz que deleita aún más el camino hacía ningún lugar, sin destino, solo buscando la esencia de un bosque encantado, teñido de hojas marrones, amarillentas y rojas que cubren un estrecho sendero natural.

Al final del camino hay un viejo banco de madera esperando a que alguien quiera descansar en él. No lo dudo, su invitación es apetecible y decido sentarme, no para reposar mi paseo, sino para sumirme aún más en la belleza otoñal de una arboleda recién rociada por la lluvia.

Cierro los ojos y la relajación es lo único que siento.

11 jun. 2014

El sendero velado




El camino estaba empapado, humedecido a causa de la intensa lluvia que había asolado el bosque hacia tan solo unas horas.
Su final no se distinguía, se tornaba borroso por culpa de una espesa niebla que se había agarrado con fuerza allí donde moría el sendero.
Hacía frío, pero no demasiado, sin embargo, el ambiente gélido tornaba el paisaje lúgubre, tétrico, a pesar de ser un bonito bosque que se dibujaba a las afueras del pueblo.
Nadie solía frecuentar ese camino, pues siempre estaba lleno de barro, y la niebla se había instalado en sus confines impidiendo una buena visibilidad. Era un sendero misterioso que la gente prefería evitar.
Pero Alex estaba dispuesto a fotografiar la belleza que el paisaje le brindaba en esos momentos. No podía dejar escapar los colores grisáceos mezclados con la espesura verde de los árboles. No podía obviar como las gotas de agua se desprendían lentamente de las grandes hojas que las sostenían. Todo ello deseaba ser capturado en el objetivo de su cámara.
Alex se internó en el camino disfrutando de toda la belleza que la lluvia había dejado a su paso.
El olor a tierra mojada penetraba en sus fosas nasales como una bendición. No había sensación más agradable que aquella.
Con su cámara, iba retratando la bucólica magia que embriagaba el bosque.
Las florecillas blancas que asomaban por entre la hierba, daban un toque de color al predominante verde, como pequeñas motas de nieve que se habían posado suavemente en el suelo embarrado.
De repente, el eco de una risa captó la atención de Alex.
Era como una leve carcajada venida de ninguna parte, pero que sin embargo, retumbaba por doquier.
Los pájaros se quedaron en silencio, y solo la brisa traída por la lejanía de la lluvia, se hacía ahora presente en el bosque.
Alex siguió caminando sin dar demasiada importancia a la extraña voz. Se adentró aún más en el camino y se atrevió a llegar hasta donde la niebla lo velaba.
Sin dilación, atravesó la espesa calima y continuó su paseo.
Después de unos minutos andando por entre la húmeda niebla, el fotógrafo alcanzó el verdadero final del camino, cuyo rastro terminaba en la verja de entrada de una vieja casa.
El objetivo de la cámara no  tardó en capturar la silueta de la misteriosa morada, que permanecía medio oculta tras la tupida calima que se aferraba a las paredes del edificio.
Se aceró a la verja e intentó ver más allá de los barrotes.
Un abandonado jardín se interponía entre la entrada y la casa. No era muy grande, pero parecía haber tenido un gran encanto en su momento. La morada, sin embargo, parecía estar mejor conservada, aunque no daba muestras de estar habitada.
Alex hizo una nueva foto desde la entrada de la verja, donde la niebla parecía disiparse por un momento.
Al mirar la pantalla digital, donde la imagen había quedado reflejada, descubrió con sorpresa la imagen de una mujer en la entrada de la casa. Una mujer que sonreía…
Sin embargo, en la puerta no había nadie…
Alex volvió a fotografiar la entrada. Inmediatamente, miró la pantalla digital, y al hacerlo, no pudo reprimir un ahogado grito de asombro.
La imagen de la mujer, estaba ahora a tan solo unos pocos metros de la verja.
Desconcertado, no quiso seguir fotografiando aquel lugar, y sintió la necesidad imperiosa de marcharse de allí.
Dio media vuelta y se dispuso a regresar por donde había venido… Pero, ¿dónde estaba el camino? La espesura de la niebla había tapado por completo el rastro del sendero…
Volvió a mirar hacía la casa, que aún permanecía visible, y sintió de nuevo la urgencia de irse, así que, arriesgándose a no seguir el camino correcto, decidió adentrarse en el bosque. Pero antes, hizo una última foto…
Apuntó a la morada, ahora algo más lejana, y apretó el botón con un dedo tembloroso. Cuando miró la imagen, solo vio una sonrisa borrosa que ocupaba toda la foto. Era como si la mujer estuviera casi encima de él, cada vez más cerca… 

6 may. 2014

Compañera

Francisca Collado (mi abuela)


Compañera de vida durante todos mis años,
Agradezco tu camino encontrado con el mío,
Pues parte de tu aventura la he visto en mis manos;

Amiga de viaje en esta selva extraña,
Sabiduría has regalado a un mundo indecoroso,
Conciencia de vivir has dejado en reposo;

Feliz estoy de haberte conocido,
Añoranza vuela para los que miramos al cielo en vilo,
Pero alegre me quedo con el sendero compartido;

Mi admiración más fuerte para el alma más férrea,
No puedo más que sonreír ante vida más entera,
No me queda más que aplaudir a persona tan bella;

Tus palabras nos rodean y nos hablan,
Tus ojos nos miran curiosos desde algún lugar del alba,
Tu inmortalidad nos abraza en cada recuerdo que nos mana. 

22 abr. 2014

Detrás de la verja



Aquel día el chiquillo decidió cambiar el camino de regreso a su hogar.
Caminaba alegre, vigoroso, disfrutando de la compañía de su perro Lord, al que paseaba todas las tardes, justo antes de que el Sol empezara a esconderse en el horizonte.
Era en ese momento cuando el cielo se tornaba ensangrentado, mostrando su herida en las nubes para luego ser cubierta por una gasa de oscuridad y de estrellas. Se trataba, sin duda, de la visión más hermosa del día.
Pero el niño no prestaba atención a tan apacible acontecimiento. Calado en su propio silbido, intentaba reproducir la melodía de una lejana canción que apenas ya recordaba. Y Lord, como fiel perro que era, trotaba a su lado sin ser consciente del derrame rojo que brotaba del magullado cielo.
Fue entonces cuando el pequeño reparó en una gran verja cerrada a la derecha del camino.
Era vieja, pues el paso del tiempo se había comido su esplendor, y un grueso candado impedía cualquier posibilidad de abrirla.
El chiquillo se acercó curioso, sin perder la sombra de Lord. Agarró la verja con sus pequeñas manos y metió la menuda cara por entre los barrotes.
Solo alcanzaba a ver una espesura verde que redondeaba un camino hacia ninguna parte, pero al niño le pareció un sendero idílico, misterioso… La entrada a un jardín secreto que permanecía oculto tras la verja.
Se imaginó así mismo caminando por aquel paraje, para descubrir un edén poblado de personajes enigmáticos, o una casa abandonada cuyas ventanas tapiadas escondían un espeluznante secreto.
Intentó en vano mover la verja para que se abriera, pero el candando superaba incluso la fuerza de un adulto.

Para el chiquillo, lo que había detrás de la verja, siempre sería un secreto, así que, cada día que pasase por allí, podría imaginarse mil aventuras, cada una, con un paisaje distinto.

19 mar. 2014

Con los brazos en mi regazo



Con los brazos apoyados en mi regazo, me pregunto cuánto tiempo ha pasado…, cuando fue la última vez que toqué tu rostro, que abracé tu cuerpo, que crucé mis ojos con los tuyos…
Con los brazos apoyados en mi regazo, evoco tu imagen en un algún rincón de mi mente, de mis pensamientos, de mi imaginación… Y como una inmortal llama, veo tu aura brillar sobre mi cabeza, detrás de mí, cuidándome, asustando al vendaval que en ocasiones sopla con fuerza.
Con los brazos apoyados en mi regazo, recuerdo que anoche soñé contigo. Me acompañabas en mi camino hacía el encuentro de una esperada nueva. Velabas en mi onirismo para no perderte la señal de un nuevo acontecimiento.
Estabas ahí, a mi lado.
Con los brazos apoyados en mi regazo, te mantengo en mi corazón con una simple sonrisa, con la complicidad de quien sabe lo que nadie sabe, con la certeza de que todo está ahí aunque no veamos nada, con la certidumbre de quien todo sabe pero casi nada recuerda.

Con los brazos apoyados en mi regazo, imagino las miles de estrellas que colorean el firmamento, y veo como una de ellas lleva tu sello, tu esencia, tu identidad... Y entonces, cuando miro al cielo, te veo formar parte de mi mismo universo.

6 mar. 2014

Pensamientos




Aquel día lucía el sol con mucha viveza.
Un pequeño gorrión, posado sobre un viejo tejado, parecía mirar a la mujer a través del cristal de la ventana. Movía su diminuta cabeza de un lado a otro, como si quisiera saber en qué pensaba ese ser que para él era tan distinto.
Pero la mujer no estaba pensando, permanecía en trance, sumida en la nada. Su mente volaba entre dudas y sentimientos enfrentados. Sus ojos no enfocaban el paisaje que tenían delante, simplemente, no estaban allí. Se habían ido.
Y en qué pensaba la mujer era lo menos importante. No interesaba la respuesta al motivo de aquella ausencia. Lo que realmente asombraba era que en ese momento, en algún lugar del mundo, otra persona experimentaba la misma sensación de vacío, y si nos fijábamos bien, podíamos encontrar a muchos más seres con la mente fuera de sus cuerpos.
No era pues, un hecho aislado. La mujer no se encontraba sola en su incertidumbre. Pero ella no era consciente de ello, y tampoco le importaba.
Y el gorrión, que piaba contento desde el viejo tejado, se alegraba de ser un pequeño pájaro. Sin saber qué significaba aquello, qué significaba estar allí, simplemente gozaba de estar vivo.

12 feb. 2014

Existir



Desde el vacío más profundo del universo,
Una pequeña estrella nos mira cauta,
Se ríe de nuestra ignorancia,
Llora por nuestra fatalidad,
Pues ella sabe, conoce, cual es la verdad.

Desde el punto más lejano del firmamento,
Una galaxia se expande con calma,
Con brazos estelares nos abraza,
Mientras se burla de nuestra ingenuidad,
Pues ella sabe, conoce, donde está la claridad.

Y en algún lugar de nuestro cielo incierto,
Se pregunta el hombre cuál es la realidad,
Pues incapaz de hallar una contestación,
No puede más que caminar al azar,
No puede más que dejar de pensar,

¿Qué significa existir?
¿Qué significa vivir?
¿Qué significa, entonces, morir?

Desde el espacio más alejado de nuestra constelación,
Un naciente sol nos mira con atención,
No se ríe de nuestra amnesia
Nos se burla de nuestra inconsciencia,
Solo nos observa sabiendo cuál es nuestra próxima estación